El mes pasado viajé a Waikato para visitar a mi tía Helen, que vive cerca de un río donde yo nadé mucho de pequeño. un viaje raro — quise revivir buenos recuerdos, pero encontré algo bastante triste.
Llegué un viernes por la tarde. Mi tía me recibió con un y me preparó un té, y hablamos un rato en la .
—No, todavía no. Pensé ir mañana por la mañana.
—Pues ten cuidado. Ya no es como antes.
Al día siguiente, me levanté temprano y caminé hasta el río. Cuando llegué, vi el agua de un color verde extraño. No el río azul y claro que recordaba de mi infancia. Pregunté a un hombre que paseaba por allí qué pasó.
—Son las algas tóxicas —me explicó—. Empezaron hace unos años, cuando las granjas de vacas lecheras crecieron mucho en esta zona. El fertilizante llegó al río, y ahora, cada verano, aparecen estas algas verdes. Ya no podemos nadar aquí. El año pasado, un perro murió después de beber agua del río.
—Qué horror —dije—. No lo sabía.
—Sí, cerraron la playa del río tres veces el verano pasado. El ayuntamiento puso carteles de advertencia, pero mucha gente todavía no los vio a tiempo.
Esa tarde, decidí investigar un poco más. Busqué información sobre el uso del agua en las granjas de la región, y descubrí que la ganadería —sobre todo las vacas— usó cantidades enormes de agua el año pasado, mucho más que otros tipos de cultivo. Leí también sobre una mina cerca de allí que afectó a una población de kiwis; los animales perdieron su hábitat cuando la empresa empezó a construir hace dos años.
Por la noche, cené con mi tía y le conté todo lo que aprendí.
—Y no es solo esto —me dijo ella—. ¿Oíste las noticias sobre la tormenta del mes pasado? Destruyó tres puentes en la región. Dijeron que “una tormenta de una vez cada cien años,” pero esta es la tercera tormenta así que tuvimos en cinco años.
—Entonces ya no es realmente “una vez cada cien años” —comenté.
—Exacto. Eso lo que yo pensé también.
Al final del fin de semana, volví a casa con sentimientos complicados. Disfruté el tiempo con mi tía, pero también entendí algo importante: el río que conocí de niño ya no existe de la misma forma. Cambió, y no para bien.
Antes de irme, mi tía me abrazó y me dijo:
—Viniste en un buen momento. Ahora sabes por qué luchamos tanto por proteger lo que queda.
Vocabulary/grammar notes
- Regular preterite everywhere: viajé, llegué, hablamos, preguntó, empezaron, decidí, busqué, cené, volví — the full pattern across -ar/-er/-ir.
- Irregular preterite verbs woven in: fue/fueron (ser), tuvimos (tener), dijo/dijeron (decir), puso (poner), vio/vieron (ver — actually regular, but often confused), murió (morir, e→i in 3rd person).
- -car/-gar spelling changes: busqué (buscar → busqué), llegué (llegar → llegué) — first person singular only.
- Kept the environmental vocab conversational rather than technical: algas tóxicas (toxic algae) instead of naming specific bacteria, fertilizante rather than agrichemical jargon, ganadería (livestock farming) as one clean umbrella term.
A few things to notice
- preterite vs. present: the narrator’s memory of the river (“recordaba”) is imperfect — a preview of reader 4, since pure past narration always leaks a little imperfect for background description. Don’t worry about that verb yet, just notice it.
- Dialogue is doing a lot of the “explaining facts” work, which lets preterite carry the frame narrative while the uncle-figure delivers information more naturally.